Esta historia de la literatura traduce
Esta historia de la
literatura traduce, actualizándola, The Cambridge History of Latin American
Literatura (Cambridge University Press, 1996, 3 vols.), la más completa de
las historias de la literatura latinoamericana publicadas hasta hoy, y aborda el
proceso literario hispanoamericano desde una perspectiva histórica y cultural.
Como aclaran los autores, tiene en cuenta los textos históricos para estudiar el
pasado, no como objeto de estudio, sino en tanto estudios previos. Es decir,
interesa mostrar cómo han sido contadas las historias en el pasado, ya que esos
discursos aportan contenidos ideológicos. Por tanto, la HLH no se somete a una
corriente filosófica o a una línea metodológica, ni tampoco se limita a fijar
valores ideológicos o estéticos o a subrayar la singularidad de un autor
determinado.
En el prólogo se explica que, cuando los editores invitaron a participar en el
proyecto, le pidieron a cada colaborador que fuese innovador a la hora de
acercarse a su campo de trabajo. No se trataba de dar cuenta del estado actual
de los estudios en un campo específico. Por otro lado, los temas a los que no se
les había prestado atención en otras historias de la literatura, fueron
examinados por los colaboradores para incorporarlos dentro del canon. Este es el
caso, por ejemplo, de la literatura de la colonia que ocupa un lugar destacado,
ya que está inserta en un periodo en el que constituía una unidad continental,
con un origen común y un mismo discurso. Lo mismo ocurre con la literatura
chicana o a la escrita por hispanos en otras regiones de Estados Unidos. Es
importante que se hayan tenido en cuenta estas literaturas que establecen un
vínculo entre la literatura afrohispánica y la afroamericana.
Por otro lado, los autores no desconocen las características nacionales que han
marcado las literaturas de cada país, como por ejemplo la presencia de la
cultura africana en las zonas del Caribe, del gaucho en los países del Cono sur,
o la de las culturas indígenas en México y Perú, ya que las tradiciones
nacionales ponen el acento local a las literaturas y, en ese sentido, cuentan a
la hora de abordar los textos. Pero también se considera el hecho de que gran
parte de la literatura hispanoamericana es el resultado de un cruce de
influencias transnacionales, así como un intercambio textual.
Resulta innovadora la forma de abordar el periodo colonial desde una perspectiva
interdisciplinar sin precedentes, de modo que esta HLH se convierte, en
realidad, en una historia de la historia de la literatura hispanoamericana, que
tiene en cuenta su riqueza, su variedad y su diversidad.
El segundo volumen abarca autores y trabajos desde Azul de Rubén Darío
hasta Cien años de soledad de García Márquez. Los temas han sido
revisados en su totalidad. Cada autor y cada trabajo se aborda teniendo el
extenso aparato crítico desde el que se han mirado sus obras y desde el que se
puede establecer un esquema histórico. Para cada tema se ha contado con la
colaboración de autores que de una u otra forma han roto con los esquemas
tradicionales de interpretación, abordando autores de los que la crítica se
había ocupado poco, desarrollando temas y delimitando nuevos campos de trabajo.
En cuanto a las narradoras Teresa de la Parra y Rosario Castellanos, que en los
últimos años han sido objeto de numerosos estudios, este trabajo les dedica
especial atención. Asimismo en el contexto de la cultura popular latinoamericana
se abordan obras como La tía Julia y el escribidor de Vargas Llosa, donde
las radionovelas ocupan un lugar importante; o la obra de Severo Sarduy, marcada
por la música afrocubana, ya que en estas novelas los elementos populares no son
gratuitos, sino una alternativa a la cultura convencional, a la tradición
erudita y libresca de cierta cultura hegemónica.
Los colaboradores son todos prestigiosos especialistas. En el primer tomo se
cuenta con Rolena Adorno para el capítulo Culturas en contacto: Mesoamérica,
los Andes y la tradición escrita europea; Roberto González Echevarría para
Lírica colonial; o Asunción Lavrin para Cultura virreinal; Enrique
Pupo Walker para La narrativa breve en Hispanoamérica (1835-1915) y
Josefina Ludmer para El género gauchesco.
En el segundo periodo, que se aborda en el segundo tomo, se cuenta igualmente
con prestigiosos colaboradores como Aníbal González, que se encarga de los
capítulos Prosa modernista y La crítica literaria en Hispanoamérica;
Hugo Verani, La vanguardia y sus implicaciones; René Prieto, La
literatura del indigenismo; Randolph Pope, La novela hispanoamericana
desde 1950 hasta 1975; José Miguel Oviedo, El ensayo moderno en
Hispanoamérica; Sylvia Molloy, La narrativa autobiográfica; Daniel
Balderston, El relato breve hispanoamericano en el siglo XX, etc.
En cuanto a la bibliografía, se trata de una selección a cargo de un profesional
especializado como Hensley C. Woodbridge, resultado de un trabajo de
investigación cuyo objetivo es orientar a los estudiantes en sus futuros
trabajos. En síntesis, esta HLH es un excelente proyecto, porque en su
concepción es el resultado de una orientación crítica y teórica, aunque, al
mismo tiempo, cada uno de sus coladoradores exprese de una manera original e
innovadora su visión de los temas, las obras y los autores.
La traducción al español de esta obra monumental contribuye al estudio de una
cultura literaria que es también la nuestra, ya que será en los próximos años la
Historia de la literatura hispanoamericana de referencia.