La autoridad de la memoria, artículo
de Reyes Mate publicado en El País (14/09/2008)
Reyes Mate nos presenta
su último libro: un ensayo sobre el papel político que la memoria puede y debe
jugar en nuestro tiempo. Justamente ahora, cuando nuevas iniciativas solicitan
la necesaria revisión de ciertas heridas mal cicatrizadas, Mate nos recuerda que
la memoria, aunque haga peligrar la legitimidad de nuestro presente, es
imprescindible para dotar a la justicia de su verdadero sentido.
Pero las actuales discusiones
sobre la noción de memoria se imbrican en una problemática mucho más amplia que
cuestiona la arquitectura general de nuestra cultura y nuestra forma de entender
la realidad, y que es desentrañada en detalle por el autor. Así, Mate nos
propone pensar cómo la filosofía es la manera que Occidente ha tenido de
situarse en el mundo, de pensarlo y aprehenderlo, cultivando a través de ella
una peligrosa tendencia al logocentrismo y al eurocentrismo. La tradición del
pensamiento europeo se ha autoerigido así a lo largo de la historia como único
modelo a seguir, exigiendo e imponiendo la occidentalización de la realidad en
su conjunto. Este modelo de carácter universalista, sin embargo, da lugar a
amplios espacios de marginalidad, exclusión o invisibilidad: discursos
tradicionalmente desatendidos en los cuales es posible leer igualmente un relato
vertebrador de nuestro presente y nuestra cultura.
Teniendo como referentes la
literatura de García Márquez y Kafka, el pensamiento político de Benjamin y
Rosenzweig, la teoría hegeliana del Estado o los diarios escritos por Hillesum
dentro del campo de exterminio, Reyes Mate nos presenta una composición
rizomática de reflexiones que cuestionan este sistema de marginación impuesto
por Occidente. Un viaje —de los calles de México D.F. a la franja de Gaza y de
la memoria de Auschwitz a la de Belchite— del que surgen innumerables preguntas:
¿podría América Latina detener su loca carrera hacia la marginación abandonando
la agenda política, económica y cultura impuesta por los países ricos como única
forma de «progreso»? ¿qué relación hay entre las nociones de «progreso»,
«fascismo» e «imperialismo»? ¿debe jugar la memoria — incluidas la memoria del
expolio de Latinoamérica y la del genocidio nazi— un papel político en nuestras
sociedades? ¿es posible, más allá del consuelo y la veneración, pensar
políticamente a las víctimas —de la conquista de América, de la guerra civil
española, de Auschwitz o de cualquier forma de terrorismo— y llegar así a un
cuestionamiento radical de la relación histórica que une política y violencia,
«progreso» y creación de nuevas víctimas?