No cabe duda de que uno de los
más potentes efectos que la filosofía de Spinoza produjo durante los tres
últimos decenios del siglo XVII fue el de conferir una unidad de intención
crítica, a veces desmedida en su violencia, a judíos y cristianos (ya fueran
católicos o reformados), místicos y teólogos racionales, cartesianos y
anticartesianos, oratorianos y jansenistas. El odio teológico y metafísico
suscitado por el judío de Ámsterdam fue unánime, si bien las estrategias y
tácticas desplegadas para aniquilar su doctrina fueron varias.
De todas ellas se hace eco Pierre Bayle, guardando y difundiendo por los siglos
su memoria. Pero lo hace construyendo a la vez, paciente y laboriosamente, a lo
largo de más de veinte años y en prácticamente todas sus obras, una imagen
mítica y, como tal, perdurable del famoso y temido «ateo de sistema». De esta
manera, y dado que los escritos que aquí se ofrecen constituyen una suerte de
corpus fundamental —al que se ha visto obligado a recurrir todo aquel que
durante la práctica totalidad del siglo XVIII quisiera informarse sobre la vida
y la doctrina de Spinoza—, los efectos provocados por su filosofía comienzan a
transformarse. El spinozismo quedará convertido en una de las más potentes
condiciones de la elaboración del programa filosófico de la Ilustración más
crítica y radical.